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¿Es bueno elogiar a los niños?

Cuando tienes un hijo siempre ansías lo mejor para él, desde los mejores juguetes hasta las palabras más bonitas; pero ¿es bueno elogiar así a los niños?

Tendemos a pensar que todos disfrutamos de los elogios, y eso nos hace como padres querer sobredimensionar las acciones de nuestros hijos (sus dibujos, sus cantes, sus textos…?) con palabras como “está perfecto” o “te ha quedado increíblemente bonito”, en vez de un simple “bien”, para aumentarles su autoestima.

No obstante, si éstas no son sinceras puede ocasionar problemas, haciendo que el niño evite futuros desafíos, pues son menos propensos a arriesgarse pues estas dejando el listón del niño muy alto. El elogio en sí no es malo, lo malo es el modo de exacerbarlo.

Los investigadores especulan que un halago inflado deja la vara muy alta para que los niños con baja autoestima quieran volver a intentarlo, pero esta hipótesis aún no ha sido probada.

Entonces, ¿cómo puedo elogiar a mi hijo?

Según expertos, la mejor manera de alabar al pequeño es:

  1. Pensar el mensaje antes de hablar, sin elevar sus expectativas demasiado arriba para que no les dé miedo a reintentarlo en un futuro próximo. La clave está en elegir cualidades concretas a destacar pues una cosa es alabarles por habilidades y otra alabarles por su esfuerzo. Así, alabarles por sus cualidades puede hacer que el niño lo considere un rasgo fijo y con ello arriesgue poco, eligiendo actividades que por su cualidad desarrolla mejor.

De hecho, según un estudio  si habían sido felicitados por rasgos de su carácter, los niños no eran capaces de lidiar con su error. De hecho, se desmotivaban y se enfadaban. Pero si habían sido elogiados por su esfuerzo o por la manera en la que enfrentaban la tarea, los niños seguían intentándolo.

2. Así, enfocarse en el proceso a través del cual el niño pasa para alcanzar alguna meta. ““¡Admiro lo concentrado que estás!”, por ejemplo. Y si no le resulta, la crítica necesita ser constructiva, así aprende a solucionar el problema.

3. No compares su desempeño con el de otro niño. Los resultados mostraron que los elogios que implicaban una comparación social surtían un efecto peor que no recibirlos. Parecían minar su motivación, fomentándoles elegir tareas fáciles a futuro, tal vez por miedo a perder su posición de liderazgo. Entendían de ello que lo importante era ganarle al resto más que obtener satisfacción de la tarea en sí.

Con esto se denota que elogiar a los niños por sus esfuerzos y por la forma en que realizan la tarea es más efectivo a la hora de motivarlos. Aún así, todo depende de la edad del pequeño, con niños en edad prescolar, cualquier tipo de elogio pareciera ser una motivación, pero un poco más mayores las sutilezas mandan.

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