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Con IVIDA todo fue sencillísimo, sin complicación alguna

Hay un momento en la vida en el que uno decide salir de sí mismo para agrandar su amor. Ese momento es en el que alguien decide tener un hijo. Era 23 de marzo de 2012, hacía frío, Madrid había amanecido encapotado… pero nosotros no podíamos dejar de reír a carcajadas mientras mirábamos embelesados el positivo del test de embarazo. A partir de ahí, todo fue salir de un “nosotros dos” para pensar en un “los tres”. Nada nos importaba más que su bienestar y su salud y desde el primer momento, entre compras de cunitas, carro y ropa, mientras pintábamos su habitación y preparábamos su llegada, decidimos buscar un centro para guardar las células madre del cordón umbilical, aquellas que, en caso de que en algún momento las cosas fueran mal, servirían de salvavidas al ser cien por cien compatibles con las de nuestra niña.

Entre todas las ofertas, apareció IVIDA. Comparamos, llamamos a varios, pedimos presupuestos y nos decantamos por ellos. La información desde el principio fue completa, serena y de total confianza. Estuvieron disponibles para todas nuestras dudas de primerizos y, llegado el momento, nos explicaron todos los trámites para la recogida de la sangre. Todo fue sencillísimo, sin complicación alguna. A los pocos días de dar a luz, nos confirmaron la recepción y validez de las células de nuestra hija.

23 de abril de 2014. Madrid. Cielo encapotado de finales de invierno. Sonrisas. De nuevo, ese positivo, esa maravillosa sensación. Otro bebé en camino. Y, sin duda, volveremos a IVIDA para darle lo mejor y, nosotros así, quedarnos tranquilos.

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