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¿Cuántas ecografías se deben realizar durante un embarazo normal?

La ecografía es una prueba diagnóstica utilizada ampliamente en diferentes especialidades médicas, que consigue la obtención de imágenes mediante la utilización de ultrasonidos. El hecho de carecer de los posibles efectos secundarios que poseen otros procedimientos que emplean radiaciones ionizantes, como por ejemplo las radiografías, ha hecho que la ecografía se haya colocado a la cabeza de todas las pruebas de diagnóstico por imagen durante el embarazo.

Ecografías mes a mes

Está perfectamente establecida la utilidad de la ecografía del segundo trimestre, en torno a la 20ª semana de gestación, cuando el feto posee ya un desarrollo estructural suficiente para llevar a cabo un estudio anatómico detallado, y que permite la interrupción legal del embarazo en caso de malformación, según las leyes vigentes.

Cada día está adquiriendo más importancia la ecografía del primer trimestre, en la que, además de poder observar el latido cardiaco del embrión, resulta de gran utilidad a la hora de estimar de forma bastante aproximada la edad de la gestación; permite conocer si se trata de una gestación múltiple y, en este caso, conocer el número de embriones y si estos comparten o no la placenta; contribuye al cribado de alteraciones cromosómicas y además, puede identificar posibles alteraciones en el útero y en los ovarios, como miomas o quistes.

La ecografía del tercer trimestre, entre las semanas 32ª y 34ª, nos proporciona información muy valiosa sobre la vitalidad del feto, su colocación, la localización de la placenta, la cantidad de líquido amniótico y el crecimiento del feto.

En nuestro país, así como en otros de nuestro entorno como Francia, Suiza y Alemania, lo habitual es llevar a cabo las tres ecografías durante el transcurso de un embarazo normal. Sin embargo, otros países como EEUU y Canadá, consideran que la ecografía del tercer trimestre no aporta beneficios para la madre y el feto y, por ello, no la recomiendan de forma rutinaria. La realidad es que se trata de una prueba que, por su inocuidad y por permitir a los futuros padres ver al feto, es altamente demandada entre la población de mujeres gestantes que, por otra parte, tienen que ser conscientes de que no se trata de un método diagnóstico infalible y que hay muchas circunstancias que pueden dificultar el estudio anatómico del feto.

Foto de Bea y Fredi

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