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Enfermedades autoinmunes y embarazo

Los anticuerpos son sustancias que produce el organismo con la finalidad de defendernos ante agentes extraños, como por ejemplo los virus y las bacterias. Sin embargo, en ocasiones, nuestro sistema inmunitario “se confunde” y reconoce como extraños los tejidos de nuestro propio organismo, poniéndose en marcha el mecanismo de producción de anticuerpos que en este caso atacan a los órganos del propio individuo y por eso se llaman autoanticuerpos. Esta producción de autoanticuerpos constituye la base fisiopatológica de las enfermedades autoinmunes, pudiendo verse afectados tejidos concretos o ser sistémicas, con manifestación en varios órganos.

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune que afecta sobre todo a mujeres entre la segunda y la cuarta década de la vida, es decir en edad fértil, y que puede afectar a la evolución del embarazo. Aunque la tasa de abortos y pérdidas fetales en mujeres que padecen lupus es similar a la de la población general, cuando existen alteraciones renales el riesgo se incrementa considerablemente. La prematuridad, la preeclampsia, los fenómenos trombóticos, las infecciones y la necesidad de transfusión, son complicaciones mucho más frecuentes que en mujeres sin la enfermedad. El paso a través de la placenta de autoanticuerpos puede ocasionar alteraciones en el feto, como bloqueo cardiaco, lesiones cutáneas o manifestaciones hepáticas, que generalmente son leves y transitorias, a excepción del bloqueo cardiaco cuando es grave.

Es conveniente el asesoramiento de las mujeres que padecen lupus con vistas a la planificación de un embarazo, y ya durante la gestación es necesario un control mucho más estricto, tanto materno como fetal, siendo aconsejable el seguimiento en unidades de Obstetricia especializadas en pacientes de alto riesgo. El síndrome antifosfolípido es otra enfermedad de naturaleza autoinmune que se relaciona con abortos y pérdidas fetales repetidas, retraso del crecimiento intrauterino del feto, trombosis, desprendimiento de la placenta y un sinfín de complicaciones obstétricas, por lo que nuevamente es fundamental el control prenatal estricto y el establecimiento del tratamiento más adecuado en cada caso.

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