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“No podíais haber elegido un nombre mejor: ¡IVIDA!.”

Buenos días

Mi historia es larga y con muchos baches en el camino. Cuando tenía 32 años llegó el momento de buscar un bebé que completara nuestra vida, y tras tres años de búsqueda fracasada, decidimos ponernos en manos de expertos en el tema.

Nos dirigimos a GINEMED y allí me diagnosticaron baja respuesta ovárica, me sugirieron pasar a ovodonación ya de entrada, pero como tantas otras parejas, quisimos hacer algún intento porque pensábamos que esto de la infertilidad no era nada, y tras cinco intentos nada menos nos rendimos, bueno me rendí. Mi marido recogió los pedazos que quedaban de mí y me animó acudir a IVI, a buscar otra opinión y allí conocimos a mi querida doctora Julia. Probamos todo lo probable y finalmente pasamos a ovo, pero con la conciencia bien tranquila de que habíamos hecho todo lo posible, para mí un paso fundamental para seguir adelante sin mirar atrás. 

En ovo tampoco fue fácil y tuvimos que pasar por cuatro intentos y dos donantes. Pero finalmente llegó mi positivo y nueve meses después llegó mi pequeño milagro, en octubre del año pasado… ¡parece que lleva toda la vida conmigo!. 

Desde que me quedé embarazada tuve claro que congelaría las células madre de mi pequeño, simplemente porque al ser de ovo lo más difícil que he tenido que asumir es que si un día necesitara algún órgano, algún trasplante de un familiar, no podría ser de mí porque no compartimos genética. Mientras escribo estas líneas miro al cielo y ojalá nunca tengamos que pasar por algo así, pero son cosas que te quedan muy dentro y que pueden tocarte a ti.

Me quedé totalmente convencida en los cursos de preparación al parto, donde otro laboratorio nos dio una de las clases para explicarnos el proceso y ofrecernos sus servicios. Así que llamamos a IVI que nos puso en contacto con IVIDA y contratamos el servicio sin dudarlo. IVIDA se ha beneficiado de la confianza casi ciega que tenemos en el grupo IVI, en su personal, en su apuesta por la constante investigación para mejorar las oportunidades de mujeres como yo, para que puedan, podamos, ser madres.

Me llamaron varias veces para contarme las ventajas de trabajar con IVIDA, aunque a mí me tenían ganada de entrada. Luego nos mandaban cada semana un mail para contarnos cómo evolucionaba mi bebé, cuando pasas por tanto para quedarte embarazada, casi no lees ni te involucras en el mundo de las “embarazadas” y los “bebés” porque ese mundo siempre había estado prohibido para nosotros, así que esperábamos el mail con mucha ilusión y alegría honestamente.

El kit llegó y creo que leí las instrucciones como treinta veces, aunque luego me di cuenta en el quirófano (mi parto fue por cesárea) que allí todo el mundo sabía qué y cómo lo tenía que hacer. Y se lo llevaron sin que me diera cuenta, se lo dieron a mi marido y lo recogieron antes que yo subiera a la habitación la misma tarde del parto. Llamamos en unos días para verificar que había sido recibido y que el recuento era correcto y, respiramos tranquilos cuando nos confirmaron que así era y que ya iban camino de Lisboa.

Espero que todo mi contacto con IVIDA en el futuro sea porque hemos podido ser padres por segunda vez, porque espero que nunca tengamos que usar esas células y que mi hijo crezca sano y fuerte. Sigo teniendo en casa la caja de cartón donde venía el kit, para guardar chismes algún día, sigue teniendo la cinta de envolver que pone IVIDA en rosa… cada vez que me cruzo con esa caja se me escapa una sonrisa mezclada con lágrimas de alegría y agradecimiento, vuelven todas las emociones del momento más feliz de mi vida, el nacimiento de mi hijo. No podíais haber elegido un nombre mejor: ¡VIDA!.

Muchas gracias por todo, cuidad bien esa sangre y la de tantos otros bebés.

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