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“Nuestra princesa guerrera sería fuerte pero si algún día, la vida se le atragantaba, tendría su cordón para luchar”

Después de mucho soñarlo, nuestro pequeño milagro crecía en mi interior, fueron momentos de alegría, de risas y también de lágrimas. Lo celebrábamos cada día y dedicábamos horas a planear cómo sería nuestra vida a su lado, cómo conseguiríamos devolverle todo lo que ella nos daba a nosotros aún sin haber nacido todavía, nos ponía una sonrisa tontorrona en la cara.

Nuestra pequeña sería médico, decía yo, o arquitecto, quería papá, pero sobre todo sería feliz, en eso no lo dudábamos, nosotros que la queríamos antes de nacer haríamos todo lo que estuviera en nuestras manos para ayudarla a conseguirlo y “todo” pasaba por guardar un  poquito de su cordón umbilical. Sabíamos que nuestra princesa guerrera sería fuerte, que viviría historias increíbles y nos enviaría postales de mil lugares, pero si algún día, la vida se le atragantaba, tendría su cordón para luchar, porque en él, está la medicina del futuro y ese es el mayor regalo que podíamos hacerle.

Cuando nuestra guerrera sólo era una ilusión, en IVI encontramos los medios para darle vida, nos ayudaron y nos guiaron hacia ella. Por ello, cuando decidimos congelar su cordón, recordamos la información que nos facilitaron sobre IVIDA, y con ellos, quisimos recorrer el camino, no hubo dudas.

En IVIDA encontramos un precio asequible, sí, pero también un equipo agradable, que nos informaba pacientemente y aunque las gestiones se realizaban por teléfono no te sentías lejos. Todo fue muy rápido, creo recordar que en tan sólo tres días teníamos nuestra cajita lista para el momento en el que la princesa llegara al mundo (la verdad es que paseamos la caja un par de veces como buenos primerizos).

Gracias IVI por traer luz a nuestra vida y gracias IVIDA por mantener la llama siempre encendida.

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