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Para qué sirven las serologías

¿Qué son y para qué sirven?

Las serologías son pruebas de laboratorio cuya finalidad consiste en conocer la presencia en sangre de anticuerpos, que el organismo produce como respuesta al contacto con agentes infecciosos. De esta forma, se puede saber si existe inmunidad contra determinadas infecciones, lo que supone que estamos protegidos para no padecerlas; también se puede conocer el estado de portador de algunas enfermedades, que se pueden transmitir a otras personas o al feto en caso de embarazo, y por último, si no se posee inmunidad y por tanto existe la posibilidad de ser infectado.

¿Por qué es útil realizar serologías?

Puesto que en caso de embarazo, las infecciones maternas pueden afectar al feto produciendo graves malformaciones, e incluso la muerte, es lógico pensar que resulta muy útil realizar serologías a las mujeres gestantes, con el fin de poner en marcha una serie de medidas preventivas específicas para cada caso.

Es el caso de la toxoplasmosis o el citomegalovirus, ya que si la mujer tiene riesgo de contraer la enfermedad durante la gestación por no estar inmunizada, se deben establecer una serie de recomendaciones en cuanto a la alimentación y la higiene, muy útiles a la hora de evitar la primoinfección durante el embarazo. Sin embargo, no existe consenso dentro de la comunidad científica a la hora de establecer qué serologías se deben realizar de forma rutinaria a todas las mujeres gestantes, ya que en algunos casos a pesar de que exista inmunidad, se pueden producir reactivaciones de la infección y, lo más preocupante, no siempre disponemos de un tratamiento eficaz para que, en caso de infección, podamos evitar la afectación del feto.

Un ejemplo de sus beneficios

Un ejemplo muy claro de los beneficios de las serologías lo encontramos en el virus del VIH: la realización del cribado universal a todas las mujeres embarazadas permite detectar casos de portadoras que desconocían esta situación, conocer la carga viral, es decir la capacidad de contagio, establecer un tratamiento durante el embarazo y llevar a cabo un planteamiento del parto, en muchas ocasiones cesárea para evitar la infección del feto. Esta estrategia ha conseguido minimizar los riesgos de nacimiento de niños infectados por el VIH en caso de madres portadoras.

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