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¿Qué es el cáncer de sangre?

Cuando hablamos de cáncer en la sangre, la palabra que se nos viene a la cabeza es una: leucemia. Pero lo cierto es que existen otros tipos de cáncer de sangre que también afectan a la población.

Síndromes mielodisplásticos, mieloma múltiple, linfoma y leucemia, son las cuatro manifestaciones principales de cáncer que se dan en la sangre.

 

Síndromes Mielodisplásicos (SMD)

Los Síndromes Mielodisplásicos no se refieren a una sola enfermedad, sino a un grupo de enfermedades neoplásicas de la sangre. La médula ósea produce células madre sanguíneas (células inmaduras) que al madurar pueden convertirse en células madre linfoides (futuros linfocitos) o en células madre mieloides (futuros glóbulos rojos, plaquetas o glóbulos blancos). El problema viene cuando estas células inmaduras no se convierten, sino que mueren en la médula o al poco tiempo de entrar en la sangre. Las consecuencias de esta disfunción son sangrados, anemias o infecciones.

Estas enfermedades están infra-diagnosticadas, pues la principal señal es la anemia (el 90% de enfermos la padecen) la cual puede estar causada por diversos orígenes. Adicionalmente no se trata de una enfermedad frecuente en la población joven, dado que principalmente se manifiesta en pacientes de edades avanzadas, y la posibilidad de que evolucione en leucemia es alta.

Para el tratamiento, está el trasplante, única opción curativa y que se reserva sobre todo a pacientes con edad adecuada para poder soportarlo. Por otro lado también existe tratamiento mediante fármacos y mediante transfusiones de sangre.

 

Linfoma

El linfoma es un cáncer que comienza en las células del sistema linfático. El sistema linfático forma parte del sistema inmunitario, que ayuda al cuerpo a combatir infecciones y enfermedades. Es un tipo de cáncer que se produce cuando los linfocitos presentan una fallo que altera su comportamiento. Esto provoca la creación de una célula anormal que se convierte en cancerosa. Una de las características de este cáncer es que tiene origen en los ganglios linfáticos. Existen dos tipos de linfoma: el de Hodgkin y el no-Hodgkin (que se divide a su vez en linfoma no-Hodgkin de células B o de células T). En España se estima una frecuencia de entre 7 u 8 casos por cada cien mil habitantes al año, existiendo unos 30 tipos de linfoma distintos donde aproximadamente el 60% se curan, llegando incluso al 80% en el caso de los linfomas de Hodgkin. Son más frecuentes a partir del os 60 años, aunque dependiendo del tipo de linfoma, también se puede asociar a gente más joven, como en el caso del linfoma de Burkitt.

Es muy importante realizar un diagnóstico preciso y un buen estudio de extensión de la enfermedad, que permitan tener todos los datos necesarios para decidir el tratamiento más adecuado. Entre los tratamientos se encuentra el uso de anticuerpos específicos, quimioterapia, radioterapia e incluso el trasplante hematopoyético como es el caso del trasplante de sangre de cordón.

 

Mieloma Múltiple (MM)

Es un tipo de cáncer de la médula ósea que está producido por una degeneración maligna del ADN de las células que forman los anticuerpos, las células plasmáticas, generando un plasmocitoma. El problema es que acaba invadiendo la médula ósea de los huesos, disminuyendo las defensas y aumentando el riesgo de infecciones, pues los tumores óseos que se generan dificultan a la médula generar células sanguíneas sanas. Cuando alguien tiene más de un plasmacitoma, entonces padece mieloma múltiple. La media de edad de quienes padecen esta enfermedad está entre los 65 y 70 años, siendo los síntomas más frecuentes el dolor óseo, astenia, debilidad, hormigueo o pérdida de peso.

Actualmente no se ha detectado un factor clave desencadenante de la enfermedad, siendo tratada con radioterapia y quimioterapia, aunque ninguno de estos procedimientos tiene capacidad curativa. En esta enfermedad la curación total tan sólo es alcanzable mediante la práctica de un trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos.

 

Leucemia

Es un cáncer de la sangre en la que la médula ósea produce glóbulos blancos anormales llamados células leucémicas que se dividen para hacer copias de sí mismas, por lo que se producen más células de leucemia que no mueren, acumulándose y desplazando a las células normales. Esto puede provocar dificultades para llevar oxígeno a los tejidos, en el control de las hemorragias y en la curación de infecciones.

Aunque hay algunos factores (como la historia previa de otra enfermedad cancerosa o trastornos genéticos) que pueden elevar el riesgo, en la mayor parte de los pacientes parece no haber causa identificable. Pese a que su prevalencia aumenta conforme lo hace la edad, hay un pico en la infancia, siendo la leucemia infantil uno de los cánceres pediátricos más comunes.

El trasplante es la única opción para curar, pero sólo puede hacerse a determinadas personas que reúnan unos requisitos y dispongan de una fuente de progenitores hematopoyéticos compatible, como podría ser la sangre de cordón umbilical. En el resto de enfermos, el objetivo se centra en alargar la supervivencia velando al mismo tiempo por una buena calidad de vida.

Otro punto en común entre todas estas manifestaciones del cáncer de sangre, es la importancia de los ensayos clínicos para abrir nuevos caminos de curación y avanzar hacia la utilización de nuevos medicamentos, además de la necesidad de las donaciones de sangre, imprescindibles para poder realizar las transfusiones que muchos enfermos necesitan, así como la disponibilidad de unidades de sangre de cordón umbilical compatible con el enfermo.

Fuentes:

www.nlm.nih.gov

www.cancer.org

www.efesalud.com/

www.fcarreras.org/

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