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¿Se pueden ingerir líquidos o algún alimento durante el parto?

De forma fisiológica y natural, desde siempre la mujer ha regulado la ingestión de comida durante el parto, de forma que a medida que aumentaban las molestias y los dolores producidos por las contracciones, restringía la ingesta de alimentos sólidos a la vez que manifestaba más sed que hambre, por lo que se solían proporcionar alimentos líquidos.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, cuando se describe el grave riesgo de aspiración del contenido gástrico y su paso a los pulmones en caso de anestesia general con el estómago lleno, se impone el ayuno durante el parto. Hay que señalar que desde entonces también han evolucionado las técnicas en anestesiología y cada vez está más extendido en nuestro medio el empleo de la analgesia epidural, que permite la realización de una cesárea sin necesidad de recurrir a la anestesia general. Este tema todavía genera discusiones y enfrenta dos posturas: una en contra de la ingesta por el riesgo de aspiración pulmonar y otra en contra del ayuno por considerar que éste puede perjudicar a la madre y al feto.

Para intentar aclarar esta cuestión, hay que tener en cuenta que el ayuno no garantiza que el estómago esté totalmente vacío, aunque sí agota las reservas energéticas de la parturienta, que deberán ser repuestas a través de sueros por vía intravenosa. Por otra parte, el empleo de analgesia epidural no exime de tener que recurrir a la anestesia general cuando la primera no es suficiente o no se han alcanzado niveles de analgesia satisfactorios para realizar una cesárea. La mayoría de las sociedades científicas es partidaria de permitir la administración de cantidades moderadas de líquidos claros (agua, té, bebidas isotónicas), evitando los productos lácteos que retrasan el vaciamiento gástrico.

Además, los anestesiólogos consideran que los alimentos sólidos aumentan el riesgo de complicaciones maternas y que, por lo tanto, se deben evitar. Ya desde hace décadas ha ido cambiando en muchos países, como Holanda y el Reino Unido, la norma del ayuno absoluto durante el parto, permitiendo la administración de agua, bebidas isotónicas o infusiones azucaradas. No se trata de darse una comilona, que por otra parte es muy mal tolerada por la mujer cuando tiene contracciones, con la aparición frecuente de náuseas y vómitos, sino de flexibilizar conductas que pueden contribuir al bienestar en mujeres en las que el parto evoluciona sin complicaciones.

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