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Desarrollar en el bebé el sentido del tacto

Los bebés son muy sensibles a la forma de tocarles y manipularles. Esto se debe a que el sentido del tacto se desarrolla a una edad tan temprana como son las 8 semanas de edad. En ese momento, el bebé ya percibe algunas sensaciones táctiles. Aproximadamente en la semana 20, ya es capaz de apreciar las caricias que se hacen en la tripa de la madre.

Para un bebé, el contacto físico es una forma de comunicación, un elemento clave en la vinculación afectiva con sus padres y uno de los pilares de su desarrollo evolutivo.

A través de la piel, el bebé obtiene información sobre su entorno y experimenta sensaciones como el frío, el calor, la suavidad, la dureza, la presión… Pero también toda la ternura y seguridad que le transmite su familia con cada caricia.

Acariciar al bebé contribuye a aumentar las defensas de su organismo, a un óptimo desarrollo de su aparato digestivo y a establecer con él una buena relación afectiva. Las zonas más sensibles son la cara, las palmas de las manos, la columna vertebral, las plantas de los pies y los genitales.

En cuanto sus movimientos se lo permitan, el bebé querrá llevarse todo a la boca. Hasta los 18 meses, éste es el órgano táctil por excelencia. Es, por lo tanto, su mejor manera de aprender a conocer lo que le rodea.

¿Cómo desarrollar el sentido del tacto en el bebé?

  • Practicar el contacto piel con piel. Esto es tan sencillo como coger al bebé en brazos y estrecharlo contra tu cuerpo para que perciba tu calor.
  • Caricias. Acariciar al bebé a un ritmo suave y constante es lo ideal. Podemos empezar desde la frente hasta la nuca. Y continuar por todo el cuerpo, recorriendo la espalda y acabando en los pies. Otra opción puede ser recorrer su cuerpo con un trozo de tela suave, algodón, una pluma… Y mientras lo hacemos, podemos sonreírle, hablarle o cantarle.
  • Masajear al bebé.
  • Ofrecerle juguetes con diferentes texturas, tamaños y grosores. Otra opción puede ser pasar tu mano y luego la suya sobre superficies lisas o rugosas, suaves o ásperas, frías o templadas. A la vez, podemos comentar y describir la sensación producida exagerándola con muecas o gestos de satisfacción.
  • A partir de los 2 años, puedes jugar con el pequeño tapándole los ojos y pidiéndole que reconozco un objeto por su forma y textura.

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