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Los beneficios de permitir que tu hijo se equivoque

Esa conocida frase que dice que de los errores se aprende también se puede aplicar en el caso de los más peques de la casa. Por supuesto que no es nada fácil, mamá y papá siempre queremos estar ahí para guiar a nuestros hijos, bien está pero, ¿te has parado a pensar alguna vez cuáles son los beneficios de permitir que tu hijo se equivoque? No solo es que vayan a aprender una lección importante sino que además tolerarán la frustración y se adaptarán mejor a los cambios. ¡Sigue leyendo!

Razones por las que los padres deben dejar que los niños se equivoquen

Queremos lo mejor para nuestros hijos, pretendemos estar siempre ahí para evitar que se hagan daño, sin embargo, anticiparse a sus errores no es ni lo primero ni lo segundo; sino dejamos que experimenten, acierten o se equivoquen y aprendan algo de ello lo que en verdad estamos haciendo es darles sobreprotección, algo que para nada juega en su favor pues les provoca intolerancia a la frustración y dependencia emocional.

Amalia Gordóvil Merino, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, afirma que: ‘Aprendemos a caminar cayendo una y otra vez, por lo que deberíamos preguntarnos por qué nos empeñamos en eliminar el error de nuestras vidas. Al hacerlo, estamos enviando sin querer mensajes como “tú no eres capaz de hacerlo”, lo que contribuye a una baja autoestima y mayor dependencia de los padres. Por el contrario, las equivocaciones nos permiten aprender y reconducir situaciones’.

Estos son los motivos por los que debes permitir que tus hijos cometan sus propios errores:

Si cometen errores podrán experimentar emociones básicas

Emociones básicas como la frustración, la decepción, la tristeza o el enfado solo se podrán experimentar si dejamos margen para ello. Es parte de su aprendizaje en la infancia que les será de gran ayuda ahora y en su vida adulta.

Los niños se sienten queridos y respetados

¿Cómo te sentirías tú si a cada rato de dicen esto sí o esto no incluso antes de que llegues a hacer nada? Seguro que enfadada y con la sensación de que no respetan tu espacio. Pues, aunque los niños no sepan decirlo con palabras, también se sienten así cuando les sobreprotegemos. Permitir que cometan errores hará que se sientan queridos y respetados.

Se sentirán capaces de todo

Un niño al que no se le da la oportunidad de aprender de sus errores suele decir frases como que todo le sale mal o que no tiene ganas de probar o intentar hacer tal cosa. El estar siempre encima de los niños hace que esas ganas de que se puede con todo se esfumen.

El intento da una visión positiva de las cosas

Puede que no haya sido buena idea pero el intento seguro que ha merecido la pena. ¿Y si no lo hubiéramos intentado? Nos habríamos quedado con las ganas, ¿verdad? Intentar las cosas, comprobar a veces que no era lo mejor, nos brinda aliento y motivación para buscar otras vías. Un hecho que sin duda forma parte de la infancia; como bien decía Audur Ava Ólafsdóttir: ‘Si mal no recuerdo, la infancia consistía en tener ganas de aquello que no se podía conseguir’.

Flexibilidad ante los imprevistos

Aprender de los errores quiere decir evitar la dependencia emocional, aprender a tolerar la frustración e interiorizar la resiliencia que nos hace saber actuar ante los numerosos imprevistos que nos da la vida. Si de bien pequeños saben equivocarse y sacar una enseñanza de esos errores sabrán ser flexibles y tendrán una mejor capacidad de adaptación en su vida.

La sobreprotección no quiere decir querer más a los hijos, permitirles que se equivoquen sí, pues podrán aprender de ello, ser más autónomos y tolerar mejor la frustración. ¡Tú decides!

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